El Hogar Juan de Ávila, está situado en la parte alta de la ciudad de Carmona, ocupa una porción de meseta inexpugnable en la cima del barranco del Argollón. Este pequeño Palacete perteneció a un noble del lugar, al Barón Gracia Real que después de la guerra fue preparado y amoldado para recoger niños huérfanos con problemas familiares por Auxilio Social, el Frente de Juventudes y la Falange.
En esta preciosa ciudad que empezó a recoger desde los años 1940 a los hijos de Andalucía con numerosos problemas provenientes de la posguerra civil española, estaban mal alimentados y casi en el mas completo abandono por cientos de familias que recurrieron a los servicios de Auxilio Social.
“Los niños del Hogar”, como nos llamaban los vecinos de la villa, permanecíamos durante los 6 días de la semana encerrados en aquel “Palacete” hasta el domingo, donde por caridad nos sacaban de paseo unas horas, bien a la Alameda o al Real de la feria.
La vida en el Internado era un comienzo de vida sin sentido, carecíamos de la base fundamental de tener unos Padres y no teníamos a nadie que tan siquiera nos diera una muestra de cariño.
NIÑOS DE LA POSGUERRA 
Hijos de la guerra,.. Niños del hambre en la posguerra y adolescentes de la represión.
Jóvenes del desarrollo, de los salarios ínfimos, de las penurias económicas e intelectuales donde a muchos de nosotros nos hacinaron en internados como refugios de amalgama llenos de hijos marcados por el estigma de las diferencias económicas, ideológicas y sociales de sus familias, pero que eran educados en condiciones tan singulares y que surgía entre ellos una solidaridad y un compañerismo que habría de durar todas sus vidas.
Labramos nuestra España con nuestro trabajo mal remunerado, duro y miserable. Dejando nuestra juventud en los diferentes puestos de tareas para con esta sociedad que se estaba levantando y mientras duró el franquismo, fraguamos nuestras familias y enriquecimos la vida de nuestros hijos, pero los miembros de esta generación bisagra de la que hoy hablo y que pertenezco, capeamos como pudimos toda clase de penurias y calamidades para terminar todos juntos sin acritud, diseñando concordias que permitiesen olvidar un pasado preñado de odios.
Muchos de nosotros han caído y otros estamos por caer al pasar de los años, pero lo más ingrato y lo que mas duele, es ver que muchos de aquellos niños no tengan ni siquiera una pensión digna donde sobrevivir, después de darlo todo.
Esa España en blanco y negro que hoy algunos pretenden mostrar con una añoranza y como se muestra en una postal del pasado, como si en ella se respirara esa armonía y ese aire nostálgico de las series televisivas con familia de clase media viviendo el sueño de la democracia en la realidad de la dictadura.
No, en todos los aspectos. Nosotros que fuimos los que sufrimos directamente, nunca fuimos felices.
Nuestras vidas no puede compararse con las vidas que ahora se muestra y que afortunadamente se vive mejor gracias a nuestros sacrificios de sin rencores y sin acritud de aquel pasado.
Somos los Niños de la Posguerra.
¡Hermanos!, “vuestros sufrimientos y mis sentimientos es el desvelo de lo que estuvimos padeciendo.” Abao.






